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MOMENTOS DE UN DIÁLOGO CON ORIANA ARMAND

                                                                                                                                                                                         POR MIGUEL SZINETAR.                       

 

1. Cuándo y por qué comenzaste a pintar?

 

Empecé a pintar a los 6 años.

Mis primeros lienzos fueron retazos de madera que sobraron de una biblioteca que se le estaba construyendo a mi abuelo.

Le pedí al artesano que me los guardara,  porque quería pintar sobre ellos.

El artesano  los reunió, y los dejó en el patio trasero de mi casa.

Después de pintar varios cuadros, decidí pasar por las casas de mis vecinos, y ofrecérselos en venta.

Pude notar su sorpresa ante mi ofrecimiento, cómo sonreían, cómo se llamaban entre ellos para comentar la situación.

Fui afortunada y logré vender algunos cuadros.

Una vecina (Giorgione, de unos 50 años) me  cambió algunos por helados.

Cuando mi abuelo se enteró de lo que estaba pasando, me dijo que no los ofreciera más, que él me los compraría todos.

Esa fue la primera vez que pinté, y la primera vez que vendí mis cuadros.

2. En el tiempo que transcurrió desde los seis años de edad, hasta el año pasado, cuando retomaste la pintura: ¿volviste a pintar?

Me he dedicado, por largo tiempo, a la costura, a la lectura y a la escritura.

Hace un año, en Miami, retomé la pintura.

La cuarentena me conectó con mi interioridad, de una manera muy intensa.

La primera semana, cuando se comenzaba a hablar de encerrarnos en casa, salí a comprar mis acrílicos y mis pinceles.

No soportaba la idea de estar sola en una habitación, rodeada de extraños, con mi amor al otro lado del mundo, todos lejos…

Necesitaba expresar lo que llevaba dentro.  

Fue en ese momento que comencé a pintar, no tengo la hora ni la fecha exacta.

Todo lo hice por un arrebato. 

Se desencadenó, de nuevo, en mí, la pasión que siento cuando tengo un pincel en la mano, cuando busco mis canvas, mis acrílicos, cuando agarro las brochas, y me pongo a pintar.

Cuando hago mis obras, es porque soy arrebatada por la catarsis.

Es como si una musa me las dictara.

3. ¿Qué corrientes o expresiones pictóricas (antiguas, modernas) te interesan? ¿Cuáles son tus pintores preferidos? ¿Por qué te gustan, por qué los prefieres, qué encuentras de interés para tí en ellos?

 

Me interesa el surrealismo.

Una de mis obras favoritas es: Dalí atómicus,  la fotografía de Philippe Halsman, en donde aparece Salvador Dalí por los aires, con un pincel, y al lado un taburete, y el vuelo de tres gatos negros.

Siento pasión por la obra y personalidad de Dalí.

Me interesa cómo sus cuadros conectan con los sueños, y su admiración por Sigmund Freud, personaje que admiro.

Amo la pasión que Dalí sentía por su Gala, tánto, que me atrevo a llamar a mi amor,  Mi Gala, siendo él: ¡el único que tiene derecho sobre mi!

Así como Dalí se refería a la mujer que le robó el corazón, yo refiero mi trabajo al hombre que amo.

En mis cuadros aparece él.

Cuando quiero pintar un rostro masculino, termino pintándolo a él, pues conozco cada uno de sus rasgos, sus lunares, sus gestos.

Sin embargo, sé que mis cuadros tienen similitud con los cuadros tristes de Munch.

Otros se relacionan con Picasso en su época azul, o con los rostros de Armando Reverón.  

Me encanta el Dadaísmo, por su concepto, por su propuesta de sacar los objetos de su contexto.

El expresionismo me fascina

Quizá es la corriente que sigo sin querer en mis cuadros. 

Me siento caracterizada por Fernando Botero, y no me refiero a su arte, sino a una frase que conecta conmigo; aquella que dice: Cuando comienzas una pintura es algo que está fuera de ti, al terminarla parece que te hubieras instalado dentro de ella. 

4. Hacia dónde, crees tú, que va tu pintura?

 

Cuando termino de pintar, me adentro en la obra, y encuentro en ella mis emociones.

Siento curiosidad por saber qué hay ahí, que esconde ahí mi psique.

Me parece maravilloso, cómo el hombre puede, en su obra, contemplarse a sí mismo: sus pensamientos, sentimientos, emociones; cosas atroces; la soledad, el misterio, el miedo, la tristeza; o también algo espléndido, de belleza, de vida, de esperanza, de amor.

Esa es para mí la parte mas hermosa de la creación artística: la contemplación.

¡Mis obras son inexplicables para mi misma!

No les tengo un porqué: solo son un golpe de creatividad.

No puedo decir hacia donde va mi pintura, quisiera saberlo, pero no lo sé.

Descubre más sobre Oriana Armand a través de esta fascinante entrevista realizada por Miguel Szinetar, destacado escritor venezolano y doctor en Estudios del Desarrollo.

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